¿Quién lo hubiera planeado?
Todos sabían que su momento llegaría, pero no cuando resucitaría su ciclo de vida. Todos le pedían que se levantara y siguiera un largo proceso; no fue tan largo, ni proceso. Solo le bastó con una simple ecuación, sabe que
"nadie da nada de balde" y debía que salir a buscar, ya en sus cenizas se levantó, salió con su luz a reencontrarse con el viento, la suavidad de las nubes y todos los sentimientos que recordaba, a esa altura, y en pleno vuelo, constituidos en su amor, la fuerza motora de todo ser, ese amor que se apaga y surge en todo su esplendor con tan solo una chispa.
Todo un sacrificio previo le hacía anclarse, ese sacrificio no le dio más que cuotas de dolor, marchitando los bellos recuerdos, esas rosas que perdían perfume y se llenaban de espinas,

adaptándose al clima hostil, que sin saberlo, ella estaba creando.
Los inviernos se hacían eternos, los otoños, tan solo recuerdos, un verano la mostró desnuda de cuerpo y alma (llorando recuerdos, sufriendo amores, recitando verdades) pero desde lejos se podían escuchar dos corazones latiendo a la par, dos tambores que hacían bailar a esas almas en un mágico rito de alegría, felicidad y ese amor que tanto pregonaba, ese amor que es su esencia, ese amor que cubre todos los aspectos de su vida, ese amor que la aleja de la soledad y la melancolía, ese amor que necesitado de ese chispazo, lograr ser correspondido, comprendido, reciproco... mientras muchos veían los pétalos de lo que fue, otros veían los capullos de lo que hoy se está gestando, pero fue él quién vio y rescató a la única rosa que quedaba en su esplendor, tras las redes de espinas.